Los 80 fueron la década de Thriller y otros monstruos pop de ventas masivas, pero también fueron en EEUU la década en la que unas cuantas bandas de culto lograron establecerse en el circuito comercial sin hacer demasiadas concesiones artísticas. El mejor ejemplo fue el de REM, quienes en 1987 tuvieron un hit radial con “The One I Love” y se “graduaron” del circuito alternativo (en el que estaban muy activos desde 1980) con Document, su primer disco de platino. Ni el disco ni el sencillo sacrificaron demasiado de lo que había convertido a REM en favoritos de la crítica y del público “conocedor”. Es más, “The One I Love” parecía ser una canción de amor pero era en realidad algo mucho más oscuro y ambiguo, y Document incluso contenía canciones que protestaban contra el conservadurismo político que reinaba en los años de Reagan. Luego de este año, firmaron con una disquera de las grandes ligas y se convirtieron en una de las bandas de rock más populares del mundo.
Ese mismo año, 25 años atrás, otra de las bandas favoritas de la crítica y de los circuitos alternativos gringos grabaría y lanzaría su mejor disco, en un sello grande, con su mejor producción, y con varias canciones que hoy suenan a que fueron hits rockeros de la época. Pero en realidad este disco que hoy podría sonar más viable comercialmente que el de REM, tuvo pocas ventas y poca radio. La banda fue muy influyente en la siguiente década, pero durante su pico, su mejor disco no entró ni a las 100 primeras del Billboard.
Pleased to Meet Me fue el segundo disco de The Replacements editado por un sello grande y fue grabado en Memphis en el mismo estudio donde los legendarios Big Star grabaron sus tres discos de estudio. Tras sus inicios en Minneapolis como ruidosa y borracha banda de hardcore y punk rock, aunque con atisbos de la genialidad como compositor de Paul Westerberg, The Replacements fueron ampliando su espectro musical y al lado de las canciones rockeras y despreocupadas, llenas de ironía y buen humor nihilista, fueron apareciendo otras más complejas con protagonistas caracterizados por dudas, conflictos e inseguridad, y temas más pop que sin embargo nunca fueron facilistas. Su primer pico fue Let It Be (1984), el último disco que lanzarían con la independiente Twin Tone, el primero que exploró todos estos ángulos y los convirtió en engreídos de la crítica y del público de la escena alternativa.
Para cuando llegaron a grabar Pleased to Meet Me, había salido de la banda el primer guitarrista Bob Stinson y ello para muchos marcó el alejamiento definitivo del sonido anárquico y ruidoso, pero entrañable, de sus primeros discos. Como trío, el espíritu de la banda se mantuvo, pero todo fue más pulido y se acentuó más el lado melódico y accesible. Por primera vez se escucharon vientos y cuerdas, y por primera vez se accedió a hacer videoclips convencionales para MTV.
¿Cómo pudo un disco con canciones pegajosas y bien hechas como “Can’t Hardly Wait” y “Alex Chilton” no ser un éxito? Supongo que tiene que ser una combinación de hacerlo en el momento equivocado, algunas malas decisiones y, como siempre con ellos, algo de mala suerte. Si en general el mercado norteamericano gusta de los “winners” y de los personajes seguros de sus objetivos y desbordantes de autoestima, en los 80 esto era aún más marcado. Westerberg, en cambio, no sólo daba voz a los temerosos, a los lastimados, a los rencorosos, sino que, a diferencia de Morrissey (por ejemplo) él mismo también parecía no estar muy seguro de su papel ni del de su banda. A diferencia de REM, ellos no parecían convencidos ni orgullosos de su paso al mundo corporativo, y la misma portada del disco lo evidencia: la mano del punk estrechando la del ejecutivo con un Rolex.
Eran, de manera demasiado obvia, unos perdedores encantadores haciendo música genial cuando esto aún no era digerible para las masas. Querían y no querían ser estrellas. Les tentaba la fama y la fortuna, amaban las canciones de pop tanto como los himnos a la autodestrucción, pero a la vez miraban con desprecio al estrellato y no podían olvidar del todo los mandamientos del “hazlo tú mismo” del circuito alternativo que los vio nacer.
También hubo decisiones discutibles, incluso cuando ya parecían más decididos a tentar la entrada a las grandes ligas. Sobre todo, la selección de “The Ledge” como primer sencillo. Es una buena canción, pero no la mejor y encima es sobre el suicidio, un tema poco apto para la radio, venga de quien venga. Seguramente también los afectaron sus declaraciones demasiado sinceras en entrevistas. Y, finalmente, tiene que haber jugado un papel la pura mala suerte.
Pleased to Meet Me no solo suena hoy como un éxito que en realidad nunca lo fue, sino que puede costar un poco reconocer su genialidad a quien lo escucha por primera vez. Es que demasiados artistas menos talentosos que Westerberg asumieron en la siguiente década, cuando el público estaba más dispuesto a aceptarlo, el papel del tipo sensible y conflictuado pero rockero. Vale la pena intentar descubrir lo que hizo tan especial a este disco para los miles (aunque quizás no millones) que lo han valorado y querido en los años posteriores. Después de esto tuvieron chispazos, pero ya nunca fueron los mismos.

